Cuando era pequeña mi abuelo siempre me contaba la historia de un perro que teníamos, Pluto se llamaba, un día se escapó de la senia y como iban pasando los días y no lo veían aparecer se olvidaron de él. Después de contarme esto, fuera la primera o la quinta vez, siempre hacía una pausa algo incómoda , y al ver mi cara me decía que al cabo de dos años volvió, ¿sino cómo podía tener a Pluto delante de mis ojos si se había escapado?
Pues son muchas las veces que recuerdo esta historia, porque debe de hacer ahora cuatro años que mi mejor perro, Xiqui, y no es por discriminar a los demás, pero es que es de verdad, era el mejor, se escapó. Lo recuerdo perfectamente, cada detalle.
Era Martes, por la tarde, allá a las cinco, la última semana de Septiembre. Por la mañana iba a clase y por la tarde hacía los deberes en la senia.
Me acuerdo tan bien porque ese último mes Xiqui estaba en celo y pasaba más de mi, la mayoría de veces se iba a la senia del vecino y no volvía hasta dos horas después o cuando yo lo llamaba.
Ese día hice muchos deberes y en una de esas me digo... voy a descansar un rato, y salí de la caseta para jugar con él. Y en esas que lo llamo y me viene de la senia del vecino, que se ve que había estado por allí otra vez. Y cuando estaba a punto de llegar a mi se para un segundo, me mira, y luego si se me acerca y lo acaricio, pero de repente se va corriendo cinco metros en dirección a los vecinos, hasta que le pego un grito, con lo que hago que se pare, se gire y avance hacia mi, pero no llegué a tocarlo y se volvió a girar y empezó a correr en dirección opuesta a mi otra vez. En esas que lo vuelvo a llamar y se vuelve a parar, pero esta vez no se me acercó siquiera, solo se detuvo durante contados segundos y se marchó.
Pero en ese momento no me preocupé demasiado, siempre volvía.
Voy a seguir haciendo deberes pero no me podía concentrar, salgo otra vez de la caseta y lo llamo, pero nada. Por lo que tuve que continuar estudiando.
Mucho tiempo después, debían de ser las ocho y media tirando a nueve, llega mi madre porque ya nos marchábamos al pueblo a cenar y dormir. Lo llamo una vez más antes de subirme al coche y nada. Pero no estaba preocupada, mañana volvería a verlo.
Al día siguiente llego y no está. No importa, seguro que no tarda en volver. Pasa toda la tarde y yo sin saber nada de él. Asín, poco a poco, va pasando la semana y llega el Sábado y el Domingo, dos días sin ir a la senia, y para colmo la semana siguiente ya era Octubre y también habían clases por la tarde conque ya no lo volvería a ver hasta las próximas fiestas o vacaciones.
Esto ya no lo recuerdo tan bien, sólo sé que cuando volví un puente de Octubre no me acordé de ir a verle.
No supe nada de él hasta el verano siguiente. Llega el primer día de Junio y otra vez clases sólo por la mañana, ¡qué bien hoy iré a ver a Xiqui, seguro que me estará echando de menos!
No pensé que no iba a estar esperándome al lado de la verja como los veranos anteriores.
Todavía hoy, cada verano que llega, bueno, no sólo cada verano, sino cada día que paso en la senia, sigo esperando que en algún momento y por sorpresa Mi Xiqui vuelva y todo vuelva a ser como antes.
Todo el mundo dice que la esperanza es lo último que se pierde, pues aunque sé que no volverá porque lo más seguro es que lo hayan atropellado por la carretera, yo sigo esperándole y cada día le echo más de menos porque sé, que aunque en aquel momento él estaba en celo, si yo no le hubiera permitido marcharse, él no lo hubiera hecho.
Ya basta de llorar, al menos tengo anécdotas con las que recordarlo.
Un año, para San Antonio, lo trajimos al pueblo para llevarlo a la bendición. Ese año mi hermano me acompañaba, y con él sus amigos.
Estábamos sentados en un banco, Xiqui a mi lado, y uno de los amigos de mi hermano se me acerca para preguntarme si podía acariciar al perro, y Xiqui nada más vió que aquel chico se me acercó a dos metros, enseñó los dientes, se puso a ladrar y se volvió todo loco. Era su manera de protegerme.
Te echo de menos.
La esperanza NUNCA se pierde.
Si decides volver te estoy esperando.
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| Una foto, el único recuerdo |

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