Este pasado Domingo 24 de Junio, día de San Juan, celebramos en Catí el bautizo de Marc (mi primito), y es que ya era hora, porque creía que no iba a llegar nunca el día en el que al fin sería madrina ya que Marc ya tiene un poco más de año y medio.

Aunque al principio Marc se distraía dando berridos cada vez que el mosen hablaba, al final de la misa, de lo larga que fue y del baño en agua fría que le dieron, mi niño se durmió en brazos del mosen, quien muy amablemente se lo devolvió a la madre.
Fue un día entretenido, excepto porque coincidió con un funeral, y en un pueblo tan pequeño, como no, mi hermano y yo, que después de la comida salimos a dar una vuelta, nos encontramos a todos lo vecinos detrás del coche fúnebre camino del cementerio.
Aún así nos lo pasamos bien. Allí, que es tradición que los padrinos tiren caramelos después de la misa desde la Iglesia hasta la casa del bautizado, mi tío, tan responsable como siempre, cogió un puñado de mis caramelos y los tiro al aire con tanta fuerza que los niños en vez de ir a buscarlos se apartaron para que no les dieran en la cabeza. Esto se lo tuve en cuenta cuando llegamos a casa, porque aunque el no era padrino, sino que era padre, también se apuntó a la fiesta.
Fue un día memorable.
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