viernes, 29 de junio de 2012

Bautizo ahijado

Este pasado Domingo 24 de Junio, día de San Juan, celebramos en Catí el bautizo de Marc (mi primito), y es que ya era hora, porque creía que no iba a llegar nunca el día en el que al fin sería madrina ya que Marc ya tiene un poco más de año y medio.



Aunque al principio Marc se distraía dando berridos cada vez que el mosen hablaba, al final de la misa, de lo larga que fue y del baño en agua fría que le dieron, mi niño se durmió en brazos del mosen, quien muy amablemente se lo devolvió a la madre.

Fue un día entretenido, excepto porque coincidió con un funeral, y en un pueblo tan pequeño, como no, mi hermano y yo, que después de la comida salimos a dar una vuelta, nos encontramos a todos lo vecinos detrás del coche fúnebre camino del cementerio.

Aún así nos lo pasamos bien. Allí, que es tradición que los padrinos tiren caramelos después de la misa desde la Iglesia hasta la casa del bautizado, mi tío, tan responsable como siempre, cogió un puñado de mis caramelos y los tiro al aire con tanta fuerza que los niños en vez de ir a buscarlos se apartaron para que no les dieran en la cabeza. Esto se lo tuve en cuenta cuando llegamos a casa, porque aunque el no era padrino, sino que era padre, también se apuntó a la fiesta. 

Fue un día memorable.

lunes, 11 de junio de 2012

Me gusta que llueva, pero a la vez me molesta

Es extraño, porque me gusta el sonido que hace el agua al caer sobre el suelo o contra los cristales, y me gusta ver como caen las diminutas gotas de agua, pero a la vez me molesta salir a la calle y que esté el suelo mojado, y tampoco me gusta mojarme, aunque sí andar bajo la lluvia.

Todo esto me desconcierta mucho, al final no sé si es que me gusta mojarme o que prefiero eso a llevar paraguas, porque si tengo un chubasquero a mano me lo pongo, pero el paraguas ni tocarlo, como si le tuviera alergia.

Al fin y al cabo, todos procedemos de la gamba, por lo que debería gustarnos el agua.

viernes, 8 de junio de 2012

Fotos (II)

Hoy en vez de limitarme a la senia del invernadero, he querido ir a al senia del Camí Calig para ver a Rufo, que está allí solito.


La perrita: el perrito aunque es mayor tiene más miedo cuando lo cojo.



Rufo: Su padre un pastor belga un poco salvaje, cuando dejó preñada a Simba (la madre, un pastor alemán) lo estaba buscando la perrera y lo consideraban un perro peligroso y al que no había que acercarse. La verdad es que no parecía tan peligroso, era simpático.


Ese es mi Rufo!!



Gato y gatitos: Hoy me he dado cuenta de que los gatitos, los manchados, son bastante mansos.




Cuando solo con acariciar a un gato eres capaz de dormirlo sientes como él confía en ti.

Rosas:


miércoles, 6 de junio de 2012

Fotos (I)


Estas son algunas fotos tomadas entre el Lunes y el Martes, supongo que mañana Jueves y el Viernes haré más. Clic para agrandar.

Una de gatos:





Esta me encanta. 
Allí al fondo, entre las plantas, está la madre.









Pobre gato, estaba dormido y lo desperté.


Vicky:




















Estrella: No le gustan mucho las fotos.










Los perritos: No quiero cogerlos y llevármelos para hacerles fotos porque la madre es primeriza y me da miedo que cuando se los devuelva los rechace.












La del pelo más claro es perra, el otro más oscuro es perro.






Esta foto me encanta, es una foto perfecta, de no ser por mi dedo.


lunes, 4 de junio de 2012

Xiqui, Mi Xiqui

Cuando era pequeña mi abuelo siempre me contaba la historia de un perro que teníamos, Pluto se llamaba, un día se escapó de la senia y como iban pasando los días y no lo veían aparecer se olvidaron de él. Después de contarme esto, fuera la primera o la quinta vez, siempre hacía una pausa algo incómoda , y al ver mi cara me decía que al cabo de dos años volvió, ¿sino cómo podía tener a Pluto delante de mis ojos si se había escapado?

Pues son muchas las veces que recuerdo esta historia, porque debe de hacer ahora cuatro años que mi mejor perro, Xiqui, y no es por discriminar a los demás, pero es que es de verdad, era el mejor, se escapó. Lo recuerdo perfectamente, cada detalle.

Era Martes, por la tarde, allá a las cinco, la última semana de Septiembre. Por la mañana iba a clase y por la tarde hacía los deberes en la senia.

Me acuerdo tan bien porque ese último mes Xiqui estaba en celo y pasaba más de mi, la mayoría de veces se iba a la senia del vecino y no volvía hasta dos horas después o cuando yo lo llamaba.

Ese día hice muchos deberes y en una de esas me digo... voy a descansar un rato, y salí de la caseta para jugar con él. Y en esas que lo llamo y me viene de la senia del vecino, que se ve que había estado por allí otra vez. Y cuando estaba a punto de llegar a mi se para un segundo, me mira, y luego si se me acerca y lo acaricio, pero de repente se va corriendo cinco metros en dirección a los vecinos, hasta que le pego un grito, con lo que hago que se pare, se gire y avance hacia mi, pero no llegué a tocarlo y se volvió a girar y empezó a correr en dirección opuesta a mi otra vez. En esas que lo vuelvo a llamar y se vuelve a parar, pero esta vez no se me acercó siquiera, solo se detuvo durante contados segundos y se marchó.

Pero en ese momento no me preocupé demasiado, siempre volvía.

Voy a seguir haciendo deberes pero no me podía concentrar, salgo otra vez de la caseta y lo llamo, pero nada. Por lo que tuve que continuar estudiando.

Mucho tiempo después, debían de ser las ocho y media tirando a nueve, llega mi madre porque ya nos marchábamos al pueblo a cenar y dormir. Lo llamo una vez más antes de subirme al coche y nada. Pero no estaba preocupada, mañana volvería a verlo.

Al día siguiente llego y no está. No importa, seguro que no tarda en volver. Pasa toda la tarde y yo sin saber nada de él. Asín, poco a poco, va pasando la semana y llega el Sábado y el Domingo, dos días sin ir a la senia, y para colmo la semana siguiente ya era Octubre y también habían clases por la tarde conque ya no lo volvería a ver hasta las próximas fiestas o vacaciones.

Esto ya no lo recuerdo tan bien, sólo sé que cuando volví un puente de Octubre no me acordé de ir a verle.

No supe nada de él hasta el verano siguiente. Llega el primer día de Junio y otra vez clases sólo por la mañana, ¡qué bien hoy iré a ver a Xiqui, seguro que me estará echando de menos!

No pensé que no iba a estar esperándome al lado de la verja como los veranos anteriores.

Todavía hoy, cada verano que llega, bueno, no sólo cada verano, sino cada día que paso en la senia, sigo esperando que en algún momento y por sorpresa Mi Xiqui vuelva y todo vuelva a ser como antes.


Todo el mundo dice que la esperanza es lo último que se pierde, pues aunque sé que no volverá porque lo más seguro es que lo hayan atropellado por la carretera, yo sigo esperándole y cada día le echo más de menos porque sé, que aunque en aquel momento él estaba en celo, si yo no le hubiera permitido marcharse, él no lo hubiera hecho.

Ya basta de llorar, al menos tengo anécdotas con las que recordarlo.

Un año, para San Antonio, lo trajimos al pueblo para llevarlo a la bendición. Ese año mi hermano me acompañaba, y con él sus amigos.

Estábamos sentados en un banco, Xiqui a mi lado, y uno de los amigos de mi hermano se me acerca para preguntarme si podía acariciar al perro, y Xiqui nada más vió que aquel chico se me acercó a dos metros, enseñó los dientes, se puso a ladrar y se volvió todo loco. Era su manera de protegerme.

Te echo de menos.

La esperanza NUNCA se pierde.

Si decides volver te estoy esperando.

Una foto, el único recuerdo